Estrategia, burros y caballos
Transcribo literalmente párrafo extraído del último libro que he estado ojeando:
"Para ilustrar ete punto, exponemos el ejemplo de dos viajeros (dos empresas competidoras), con un mismo destino (los resultados financieros) y medios de locomoción diferentes (cada empresa dispone de recursos y competencias diferentes que permiten tener capacidades tácticas diferentes). El viajero A dispone de un caballo y el viajero B va en burro. Es fácil imaginar que el viajero que dispone de caballo cuenta con mejores recursos para alcanzar el destino y que, por lo tanto, dispone de ventaja. Sin embargo, el viajero B conoce por sus fuentes cuáles son los mejores apeaderos y sendas por las que llegar al destino. Conocer cómo es el camino es más apropiado para llegar al destino que disponer de mejor medio para alcanzarlo, sobre todo, si la distancia a recorrer es muy amplia, tal como ocurre en las empresas".
En este punto, se pretende reforzar la idea de la necesidad de una estrategia, pero al leerlo, me ha situado en una economía industrial altamente regulada, muy ajena a la realidad actual (el libro es del año 2007).
Sea por gracia o por desgracia, en la realidad actual es imposible conocer cuál es el sendero más adecuado a priori. Los apeaderos cambian de lugar continuamente y el camino desaparece y vuelve a aparecer como de arte de magia se tratara.
Creo que (y probablemente esté confundido pero es lo que he aprendido y contrastado en mi experiencia...) algunos acercamientos conceptuales hacia el concepto de estrategia son altamente reduccionistas como consecuencia del pensamiento imperante de que existe un camino que hay que trazar como en un mapa se tratara. Somos esclavos de la cultura industrial.
Con esto, no quiero transmitir una idea equivocada sobre la escasa validez de la estrategia, pero ha de confesar, que los actuales Planes Estratégicos a 5 o 10 años vista no me inspiran mucha confianza.
Resulta que los apeaderos aparecen y desaparecen de la nada. No parar en alguno de ellos pensando que el agua del próximo va a ser mejor puede traernos más de un disgusto, sobre todo, cuando comprobemos que ese apeadero tan esperado, ha dejado de existir o simplemente, se acabó el agua.
No se trata ni de burros ni de caballos, se trata de ser capaz de variar el camino siempre que sea necesario (agilidad y flexibilidad) teniendo bien claro dónde queremos llegar, la única premisa con la que podemos lanzarnos.
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